"AHÍ" (Cuento corto)
“AHÍ”
Después
de una fiesta de tres años en Alemania, volví a mi apartamento en Bosnia. Cien
mil personas habían muerto en una guerra descarnada y oscura. La cosa había
terminado con unos acuerdos en París.
A pesar
de ser escritor, yo ignoraba las circunstancias, los datos, los números. En
cuanto dijeron “guerra”, le dejé encargado el apartamento a mi padrastro y me
largué de ahí.
En las
reuniones alcohólicas y frívolas, me preguntaban en alemán sobre la herida
Bosnia. Yo cambiaba el tema a Proust.
Lo
primero que hice al cruzar la puerta fue abalanzarme a “Las Flores del Mal” y
buscar un sobre de celofán con un gramo de coca ahí dentro. Lo encontré.
Dispuse dos líneas e inhalé la primera. Ésa fue mi guerra.
Mas en
una de las últimas fiestas aquéllas, un grupo de editores me ofreció dinero por
escribir algo sobre la otra guerra. Y como no tenía ya un centavo, acepté. Sentí
que lo hacían para ayudarme.
Le
marqué a mi padrastro.
-¿Quién
habla?
-Yo.
-¡Vaya,
un milagro! –comenzó mi padrastro, sarcástico- ¡El hijo pródigo! ¡El
superhombre! ¡El hijo de Nietzsche!
Intenté
ser cariñoso:
-¿Está
mamá, viejo?
-Está
dormida, y no pienso despertarla por ti.
Colgué
suavemente.
Prendí
un cigarrillo. Si iba a escribir sobre Bosnia, lo mejor sería empezar viendo
por la ventana que abrí.
Observé
la calle y reparé en un hombre metido en una gabardina, bajo un sombrero y con
gafas oscuras. En lo que le llamaba ridículo, miró de pronto a mi ventana y
clavó sus ojos en mí. Me asusté tanto que tiré el cigarrillo que por fortuna no
cayó en nadie. Regresé al sujeto y le vi mirando el aparador de una tienda
cerrada.
Me
refugié en la sala; sentía miedo.
El
vecino comenzó a reproducir música electrónica para fiestas. “Mierda, aquí
quieren matarme”, pensé.
Y pensé
en mamá. ¿Por qué mi padrastro no la había despertado? El apartamento lucía
bien, el teléfono tenía línea: mi padrastro no estaba enojado conmigo, sino que
mi madre estaría tan enferma que no podía hablar.
Inhalé
la segunda línea de coca y volví a marcar.
-¿Quién
habla?
-Dime
algo, viejo. ¿Mamá está enferma?
Mi
padrastro estalló en llanto, pero comenzó a dar voces de enojo que contrastaban
con ese llorar.
-¿Enferma?
¡Claro que está enferma, idiota! ¡¿Cómo no iba a estar enferma después de tres
años de guerra, estúpido?! ¿Sabías que en una sola noche murieron ocho mil
bosnios?! ¡Ocho mil!
Colgué
suavemente.
Sudaba,
mi pensamiento brincaba de mi madre al hombre con gafas y de ahí a la música
del vecino. Prendí otro cigarrillo y me acerqué a la ventana.
En
lugar del hombre de las gafas, estaba la mujer más sexy que había visto en mi vida, aunque parecía una prostituta.
Volteó hacia mi ventana y sonrió. Creo que pude devolverle la sonrisa. Después
volteó al mismo escaparate de la tienda cerrada.
Entonces
lo supe: Más que intimidarme, se me estaba sobornando. ¿Serían los serbios, el
Gobierno, la OTAN? Tendría que preguntar antes de ponerme a escribir, porque
Dios sabe que acepté el trato en ese mismo instante.
...hola!
ResponderBorrarme llama la atención el uso del tiempo. al menos hasta que aparece el primer "colgué suavemente", cada párrafo es una narración de un tiempo distinto, superponiéndose distintas realidades. es de notar que esto está muy bien logrado, en tanto la lectura fluye muy bien.
las distintas voces temporales quedan suspendidas a partir del encuentro con una realidad ahí, de la que nunca se escapó. siempre estuvo en guerra y la misma continúa por sus efectos.
me quedo entonces con esa pregunta, cómo medir la realidad sin quedar sujeto a la guerra subjetiva que suscita?
... él decide escribir!