"PROMESAS DE VIDA" (Poemario)



“PROMESAS DE VIDA”


















                                                            




“SANGRAN LAS LUNAS”

Este año sangran las lunas,/
versadas en sus camas agonizan./
Dios las cura con sus dedos de poeta,/
con sus remedios de israelita./
De hombres ya la noche eterna dase de los árboles,/
y las manos de los ricos la arrancan,/
la comen, la chupan,/
dejando desnuda, pobre, a la semilla que aguarda su mutación,/
tirada a la tierra, tierra de esos hombres muertos./
/
Ya los siglos nos carcomen los cimientos,/
un bien la vida se ha vuelto./
Cómeme, cálmate, o lo que quieras hacer, oh Tiempo./
¡Llévame el viento!/
Son aventuras las que veo,/
piratas usurpando, violando, lejanos, crueles, únicos:/
Y la mar se acaricia sus rabias con su cólera inaudita,/
solemne y fatal./
/
¿Es real la decisión del hombre solo?/
¿O solamente es una oveja de sacrificio?/
Porque podría él mismo cambiar el mundo,/
pero lo cambia y es el mismo mundo,/
sin embargo, ya no se halla en el vacío./
¿Cómo habríamos de confiar en el destino?/
/
Y el amor se escupe al cemento caliente,/
como se avienta a piedra ardiente el semen,/
soles fuertes, potosinos,/
inclemencias de tardes en movimiento,/
en el movimiento de la radio desencantada,/
pero desencanto es poco para la vida que muere a la bestia triste,/
en campos de garfios y pistolas de aire./
/
Porque no es el Diablo, señores,/
es su suspiro./
Y los vientos gélidos de la Muerte/
nos han visto beber de fuentes de aguas tóxicas/
buscando beber paz y justicia,/
alimentos del hombre transformados en ideales./
Las ideas hacen actuar, las fantasías,/
pero las acciones acentúan/
una ineptitud en nuestras almas que nos impide hacer el bien sin esforzarnos./
Fuerza buscamos, aramos las tierras,/
pinchados de las manos por las espinas de Dios,/
masacre de gente agradecida./
Revientan las espaldas pensamientos de bondad,/
dejan cansadas las manos descansar/
hombres déspotas y apoderados del trabajo social./
Hay vino, pero no hay libertad./
/
Somos hoy nosotros el cadáver de una niña que baila en el agua,/
culpamos a un hombre, a dos,/
pero nos absolvemos todos./
Y no es que una sentencia desfavorable para el ser humano quiera yo empinarme de un solo trago,/
pero busco hacer el amor y hacer lo que hago,/
cegado siempre al final del día./
¡Espejos de las piedras, decidme/
cuál es el fruto que no he de comer!/
Cada carne que yo muerdo y me queda entre los dientes/
es grande pecado y aversión honesta a Dios,/
que también está muerto pero se pudre./
Ciudades, he visto malvado al joven,/
maltratado al maduro, lastimado el infante,/
golpeada la mujer, golpea al hombre, al padre./
Nada ni nadie nos conmueve,/
inodora orina de zorrillo./
La vida es dura, la luz, cruda,/
oscuridad iluminada por la noche,/
sois una pesadilla atroz./
¿Despertaremos muertos o dormidos?/
¿Debemos estar desnudos,/
no sólo del cuerpo sino también del espíritu?/
¡Dolores míos, ¿por qué los cargo si no puedo?!/
Me arrojo, me aviento, quiero ser electo,/
pero, ¿qué o quién soy?/
Soy un movimiento perdido, un grito de Jesucristo,/
un dolor que tendré en mis manos:/
¿Qué haré con él?/
Lo comeré, lo beberé, y juzgaré si es necesario/
levantar al hombre moribundo del suelo sucio y vomitado./
////



















“PASOS MALDITOS”

Sólo Jesucristo anduvo noches así,/
sólo el Diablo…/
La cruz de neón en la punta de la parroquia se acerca, admirada;/
la piedra de las calles de piedra;/
parques oscuros, donde hombres escurren su semen,/
donde las mujeres se venden excitadas por la misma droga de siempre./
/
Aquel monstruoso hombre/
de pasos malditos,/
aquel señor Hyde,/
es el hombre más poderoso del mundo,/
pero el último ser, débil y vil, en esa ciudad suya./
Va de negro, alhajado de plata y acero./
Su historia es aquella de todo el universo,/
pero es un secreto,/
un profundo y sucio secreto/
es la historia aquella del universo./
/
Al verlo, se ciegan los espíritus/
entre el suicidio y el homicidio,/
bajo la luz amarilla de las farolas,/
entre la bondad más pura y la más salvaje maldad./
/
Para los judíos, es Leviatán;/
al cazarlo le han destruido todos los dientes./
Los cristianos dicen que es Satán;/
le han quitado todos sus empleos./
Entre lo vivo y lo muerto,/
entre la mafia y el sexo./
Deja pisadas de fuego,/
¡el muy imbécil va sonriendo!/
Los satanistas piensan que es el Dios vuestro,/
y le cuelgan de un madero,/
donde clama:/
“¡Pero eso sí, yo soy el Infierno!”/
/
Pero anda, como si las calles a las dos de la mañana/
fueran para él el mismísimo Cielo./
Un joven de catorce años lo aborda,/
pues quiere tener un encuentro./
El hombre le responde que lleva la cajetilla/
llena de cocaína,/
le dice: “No puedo”; toma su número de teléfono/
y se esfuma, grabado en el corazón de so mancebo,/
chico hermoso, prieto, bello…/
el recuerdo de su cuerpo será eterno,/
será parte de la historia del universo,/
de este mundo nuestro./
/
En la puerta del firmamento es amado,/
le dan más droga de lo que paga,/
transexuales le ven y bailan más de lo que bailan comúnmente./
Es el Sol escondido en la noche,/
es la Noche escondiendo al sol,/
y atiende como Sherezada a los verdaderos Dioses/
en sus templos, con su amor;/
se llueve en las Pirámides,/
se desnuda en el calor,/
deja su sangre en el chac-mol./
/
Y ha comido carne humana,/
comídose ha jóvenes muchachas/
que pierden el corazón enamoradas de él,/
deseándolo, amándolo,/
es la más profunda desnudez de entre las desnudeces que estas mozas viven imaginándose;/
a veces lo tienen, otras, no./
No escuchan a sus padres que les advierten con gritos: “¡Es la Muerte!”,/
“¡Pero también es la buena suerte!”,/
replican desgarradas./
/
Vive. Come, piensa,/
lee, defeca,/
mira al aspirar cocaína/
cine de Georges Melies,/
existe, existo yo con él./
Vive. Rodeado del más terrorífico misterio,/
él está ahí. Vive./
Fornica, besa, pide,/
siente mariposas en el estómago/
y dolores de muelas. Vive./
Es esclavo del tabaco,/
ya no puede ser honrado./
Vive. Bebe, huele,/
camina, duerme,/
lastima, miente;/
intenta vivir honestamente,/
y puede, debe,/
sufre, calla, pierde;/
pero, de ganar un día,/
no quisiera ser yo aquel en la lista/
escrita en su agenda ese día:/
es la crueldad más limpia,/
es la injusticia más sucia;/
se revuelca en los olores de su pene,/
se masturba como un demonio/
y no se viene/
nunca,/
puede morderte la nuca/
eternamente,/
hacer que te muerdas la ceja,/
dejarte en la cárcel/
y a tu familia casi muerta./
Él se arrastra, repta,/
pero reacciona como una fiera:/
siempre acierta./
Por eso camina libremente,/
como una hada, como un duende,/
volando o brincando hasta llegar a esos Dioses/
y regresar a su pequeño palacio porque así lo quiso la Santa Muerte./
Inhala, se vuelve el Dr. Jekyll,/
enamorado del veneno que le sabe fuertemente./
Han los que quieren enterrarse en su pecho que se infla, como una flecha,/
para sacar chorros de sangre que devuelva a toda esa gente,/
pero son éstos los más soberbios,/
los más vanidosos, los más cobardes./
¡Ay! ¡Permitidme llamarle, aunque sea, un ángel!/
Ayudadme a no importunarle./
/
Ya más de él no hay/
que no sea observarlo, tras un montón de cocaína, fumando sentado en el retrete,/
iluminado por la vida que sorbe lentamente,/
hasta que amanece./
///





“PORNOGRAFÍA”

No me alcanza un sol/
para recordar tanta luna,/
pornografía./
/
Tiras negras de sabores, momentos,/
olvidos, encuentros;/
espectros de un sudor delicioso,/
abismos de las peores embestidas./
/
Músicos enloquecidos,/
vaginas privadas,/
menores de edad, familias y nalgas./
/
Mundo sexo que se satisface solo,/
sexo mundo que se lame acompañado./
Poder en la mano, en el vientre, en los ojos./
Todos estamos, vivimos, somos./
///






“LA BONDAD”

En el caos la bondad del hombre se pasea,/
es una corteza que flota en un río,/
es una hormiga perdida,/
es una joya arrancada por un homicida,/
ella no muere ni puede ser herida:/
es o no es./
///

















“AMARGO CANSADO”

Tanto trago amargo/
de un hombre rendido y cansado,/
tanto archipiélago de dolores emotivos,/
conmocionados,/
son vida para mí y son amor./
///


















“PROMESAS DE VIDA”

Ha recrudecido la vida,/
problemas con la gente, promesas con la orina./
Ha reverdecido el campo que revienta,/
problemas con la herida, promesas de vivienda./
/
La sangre pura de vacas y terneras,/
se cuece enriquecida por finas hierbas,/
el hombre despierta, devora, fauces abiertas/
y cerradas, machacan, desgarran;/
en la noche cena pierna./
/
¿Cómo es eso de hablar de amor en la merienda?/
¿Cómo es eso de hablar de amor con estas políticas?/
¿El corazón se enferma?/
¿El espíritu no tose, no suelta flemas?/
/
Ninguna propaganda es buena./
El amor se propaga por la mesa./
A unos pasos del restorán se hace la mezcla,/
en una casa en obra negra./
/
Han estallado las risas,/
problemas con la guerra, promesas imprecisas./
Ha vacilado la economía,/
problemas con los duendes, promesas con las ninfas./
/
Un grupo de jóvenes está haciendo porquerías,/
sus tonterías se escurren por la tierra/
y brotan flores enloquecidas,/
su sabor rompe el tabú,/
la juventud misma es una homicida./
/
Los esqueletos tiemblan de miedo en la cripta,/
una crisis se acerca si no embelesa la democracia,/
es sólo muerte y tiza,/
la Nación no está preparada para lidiar consigo misma,/
la injusticia la inutiliza, el Ejército la utiliza./
Barcos de espectros, miradas perdidas,/
“Es aquel país, es aquella vida”./
/
Esto es sólo un género de la letra escrita,/
pues hemos dado pasos en la plusvalía,/
en las medidas más estrictas./
Porque cuándo, ¿cuándo habría de ser suficiente hechicería?/
Esta es una parcela perdida,/
una corrupción con sistema,/
una cicatriz en la vergüenza,/
una magulladura en el alma traviesa,/
una fe absurda, una fe maldita./
/
Las ganas de morir/
ya nos arrancan una sonrisa./
Somos un barco de papel/
navegando en agua salina;/
sólo el destino puede salvarnos/
según la corriente marxista,/
según la Revolución de Rusia./
/
Abracémonos, mi amor,/
en un baño público,/
besémonos sin razón,/
cometamos un acto impúdico,/
caguemos en el suelo un corazón para los otros,/
sabiendo que sólo es sexo, sexo para nosotros./
Sólo nos queda hacer el amor/
en lo que se muere el dios en el televisor./
Hagamos un “llamado”, pero un “llamado” obsceno,/
en lugar de invocar a la civilización y al progreso./
/
Porque no puedo,/
porque no me dejan/
aplaudir a este Gobierno./
Me apuñalarían, me sofocarían con insultos,/
con sus puños./
La gente no sabe de dinero./
/
“El problema de la gente es la gente”,/
eso nos ha quedado claro,/
nos ha quedado bordado./
Las ciudades están plagadas de tiburones blancos,/
no merece la rima lo que yo he experimentado./
Soy un insufrible borracho derrotado./
Sin embargo,/
en el baño,/
podemos hacer como que hemos ganado./
Puedo soltarte palabras que nos hemos contado./
En esta Nación, quiero morir fumando y drogado,/
quiero inhalar cristal/
ya que la coca se haya terminado./
Quiero ser un tren, ¡chú-chú!/
Quiero ser un ave./
/
Me salgo del ojo del cuervo,/
estoy casi seguro de que voy a votar./
Tengo revuelta la panza,/
¿Será el estómago cansado?/
Quiero volverme loco./
/
Han volado las alegrías,/
problemas alcohólicos, promesas con suicidas./
Han bailado los hombres del pueblo,/
problemas de llanto, promesas de empleo./
/
En fin…/
/
Iré a tomarme un café, en media hora:/
tendré media hora menos de vida./
Respiraré extasiado un café sin cafeína,/
pues el sueño me lo devuelven dos pastillas./
Yo sé, frente al espejo, que hay muchas cosas lindas/
en lo sujeto por el Congreso,/
en humanitarios intentos/
más allá de nuestras satisfacciones./
/
He dejado el alcohol, las drogas y el fascismo,/
sólo soy un mexicano que se emplea con cinismo./
Yo no me anuncio, yo me petrifico./
///










“LAS GARRAS DEL VAMPIRO”

Los pechos liberados por las garras del vampiro/
tiemblan./
///





















“COCAÍNA”

Cocaína, cocaína, cocaína;/
la inhalaba, la absorbía,/
como gasolina la consumía./
Señora de los imperios:/
Señora de su propio Imperio./
/
Pensamiento, muerte, proyecto,/
sangre, dulce, aguda/
mentalidad libre, etcétera./
///














“TANTO Y TAN”

Y vine y bajé yo, pues, la roca/
desde de lo alto de la montaña./
Maté con flecha al jinete/
encima de la cúpula sagrada./
/
Tan empobrecido mi lenguaje,/
se busca la expresión de la nada con nadie,/
sólo amor y madera pura,/
sólo la vida que se me depura./
/
Muerte sola, acompañándome a decir/
que he salvado el mundo./
Muerte sola, acompáñame a decir/
que he salido vivo./
/
Tanto deseo, tanto destino./
Tanto y tan, tanto./
La miseria de mi mano,/
el oro de mis hermanos./
///




“EL AMOR DE LOS CUERPOS”

No han llorado ya los ojos/
tras las flores enviadas por manojos,/
¡Libertad, libertad!/
La libertad es poder amar./
Y en las oscuridades se ha dejado de remar./
¡Preparad, preparad el pan!/
Divididlo entre las conciencias:/
que unas reciban abundancia/
y otras, carencia./
¡Se acerca ya el dios de la Escasez!/
Ya no salga más grano de los graneros/
ni la carne de la sal./
/
No han llorado ya los ojos/
en este mundo de verdad:/
la Princesa se siente amada,/
el amor es lo que transforma en semejante deidad./
¡Amor! ¡Amor!/
Buscan las aves la carne de gusanos,/
buscan los bueyes la hierba,/
buscan los campos la siembra,/
lo último que hay se cosecha./
¡Guardadlo todo, como dice José!/
Y los hombres, hombres son/
amando la vida y viviendo el amor./
Noches de brujas y príncipes,/
besos de majestades, de calor,/
calor de vírgenes./
Cielo sueño, piedras de gran valor./
Recostados en el lecho llenos de ardor./
¡Ha llegado ya el dios de la Escasez!/
No hay nada más qué hacer./
/
Brincos y bailes: brincad y bailad,/
invocando al dios del mosto, hecho vino./
Bailad, gitanos y sedentarios,/
bailad, hombres paganos, bailadle al sino./
Hasta el viento ya es cansino./
Tened besos, unid los sexos,/
sudad y lamed lo más salino de los cuerpos./
///









“CONSUMACIÓN”

Entonces concluye un amor/
de primavera a invierno/
tras los años./
/
No estoy libre, no,/
sólo soy libre, yo;/
lo he aprendido./
Soy del Sol y sueño con la Luna./
/
Traedme el agua desnuda,/
la carne rica, gorda y cruda./
Traedme el desenlace de mis deseos,/
abolid la curiosidad y la duda/
sin tener que perecer yo, al romper una regla muda./
/
Como el viento no sabe lo que estoy sufriendo,/
me mete a los ojos tierra el viento./
¿Dónde están sus modales de sociedad?/
¿Dónde está la verdad, ¡dónde está el viento!?
Sólo está el musgo que araño de la piedra,/
sangrándome bajo las uñas de los dedos./
/
Recuerdo todavía, empero,/
la noche que hice pasar a un amigo muy enfermo./
Le llené de palabras, de oraciones/
que lo golpearon, que le hirieron./
Le grité: “¡Tú me traicionaste primero!”,/
lo cual era cierto, pero también es cierto/
que durmió conmigo, con la cabeza en mi pecho./
/
Vocablos negros que se acarician de energía,/
me han escuchado pedir por la alegría, gritar:/
“¡Yo soy el eco! ¡Yo soy la vida!”,/
para después menguar, para decir:/
“¡Yo soy el duelo! ¡Tengo la carne viva!”/
Porque la entrega a la entrega es cosa decidida,/
mi cuerpo y mi alma por virtud se sacrifican,/
pero no existen los dioses que aquello santifican./
/
Y decía, en esta espuma carente de fantasías,/
que un amor, que era muy amor, se concluía./
Tanta verdad no sé si aguanto, pero así son mis días:/
la inclemencia del ser humano./
¿Por qué no estamos entregados a ritos de protestantes cristianos?/
¡Aquel amor yo lo ahogué con mis manos!/
¡Aquella pasión quise consumar al matarlo!/
Soy un hombre dice el lobo, “muy, muy malo”./
Estoy entregando mi fuego al Diablo./
/
Agua que corría, sangre que crecía,/
dolores fluviales, eróticos,/
momentos enteros y perversos,/
suelto del temblor mi pluma y mis versos,/
¿Es acaso eso, es acaso eso?/
El terror que es el agua cuando el agua no lleva la luz./
¿Es acaso eso, es acaso eso?/
Un huracán, un miedo enterrado y profundo,/
dolores pluviales, sexuales,/
un poeta no sabe si quedarse o suicidarse./
///
















“FUEGO”

Ojos, culo de muchacha,/
vientre, labios./
/
Soledad de varios,/
multitud sexual, duchas./
/
¡Flores, flores…/
flores de cempasúchil!/
/
El amargo encanto,/
el café, dulce y amargo./
/
Dulce pirámide copula/
serio y bonachón polígono./
/
Muerte, tacto, sequía,/
escasez, noche y día./
/
Saxofón, copa de vino,/
vino el niño divino./
/
Vive tu vida, sí,/
rodeado como te veo: mujeres bellas, sí./
Ronda las selvas que te den el sustento contento./
Desnúdate cuando estés solo, cuando estés loco./
Pero no sólo son consejos en este mundo, pues estaríamos solos;/
persigue tus signos, percibe tus símbolos./
Haz el amor cada que puedas./
La brujería existe… ¡existe!/
/
Vientres, culebras,/
maderas y vampiros./
/
Tajos, pedazos,/
ramas de higo./
/
Ceguera, flor abierta,/
salsa fina./
/
Canela, socialismo,/
el papismo y La Religión./
/
Caballos, turcos,/
masacre, Dios./
/
Ideas, rosales,/
sangre, sexo./
/
Devoción, mente,/
línea de fuego./
///

























“LAS CORPORACIONES”

Ah, el amor…/
Ah, el encanto…/
Ah, la banca, el dinero…/
Ah, la comunicación es primero…/
/
Mundo de cables y señales./
Mundo, no muero./
Mudo, vomito a Teo./
Vivo, en pan de oro, los vinos, los zorros./
Carne de res viva./
Mundo atesoro;/
suelto y lloro./
/
Color del pelo del coño,/
como un ano el moño,/
objeto precioso, ¡único!/
juguete del disparate erótico,/
invento sexual y cómico,/
aberración, satánico,/
¡idiota, genial, estúpido!/
/
Limbo de conciencias, perro cínico./
Si nos viniera más madera del sur/
porque es para comprar la que nos devuelven del Norte./
Comercializar las madera en Su nombre,/
pero conjurando rezos a los hombres./
¡Cuánto nos deben ya los capataces!/
¿Cuándo las casas fueron de adobe?/
El globo se hace un globo, un robo,/
un acuerdo manifiesto de lo bueno y lo tonto./
Se prefiere la calidad de la verdad,/
el disfraz del producto,/
la promoción del estupro./
El pescador escupe en la arena,/
saca la lancha de la tierra,/
se amarra de fierros y cadenas./
Su cuerpo pesa, pesa,/
y se hunde, se hunde./
No pudo comprender a tiempo que la globalización era un crimen bueno,/
o, tal vez, era un hombre honrado y de desplantes muy sinceros./
/
¡Los globalifóbicos se salen de control!/
La Policía les rompe la boca,/
los arrastran, los sofocan;/
se mueren, se ahogan,/
y vomitan el terror a las corporaciones culpables de todos los males de los hombres./
Porque no están lejos de la verdad ni de los muertos:/
siguen vivos los desaparecidos./
/
Yo que escribo no ignoro/
el mal probable que brote de la producción de una gran corporación,/
un mal moral, un mal culpable;/
homicidios, violaciones y hambre./
/
No es que todo sea de todos,/
sino que nadie es de nadie./
Lo tuyo, tuyo…/
pero lo mío es mío, ¡no seas cobarde!/
/
Y vestido de negro y sangre,/
de alhaja oscura y porte oscuro,/
el mismísimo Drácula, lo juro./
¿Qué no saben que no tengo conciencia?/
¡Ya soy uno con mi máquina!/
¡Ya soy uno con el Cielo!/
¡No tenéis que invocar más que la ciencia!/
Y se cubren de carbón los corazones,/
la gente se retuerce sin sensaciones./
Circulaciones, circulaciones…/
¡Tengo hambre!, grita, diabólico./
Come hombres, mujeres y niños./
Come serbios, latinos y chinos./
Come salvadoreños y mexicanos./
Come creaturas marinas y pájaros./
/
Y hace un invento…/
¡es el invento más simpático!/
y lo tiene en su oficina./
Es adicto al sexo y la pornografía,/
no deja pasar un día sin cocaína,/
mientras nos acerca la nicotina./
/
Mundo otra vez mundo,/
significados muertos sobre lodo y nieve/
o en la playa, en la arena, en la muerte./
Vocablos huérfanos, vivos./
Si toleramos no vencimos,/
si no decidimos, morimos./
Si somos del Padre, si somos del Hijo/
poco importó./
No comprendemos las intenciones/
de las grandes corporaciones/
pero sé,/
que para no hacernos daño tendrían que ser Dios, y son el Diablo./
///








COLD TURKEY

A veces, a veces, se niega todo el sufrimiento a si mismo,/
más estando loco./
Loco como un tonto./
Y un perro andaluz./
Andan las lluvias pronto,/
se cae de entre los dedos el oro./
Estoy pariendo un premio que he ganado en un concurso del Gobierno./
Esta burocracia, está confabulada con la mía enfermedad mental./
Ya no escribo para tanto,/
una poesía ahí, una poesía allá./
Sólo quiero que se consume el parto,/
que regrese a mi casa con un libro caro bajo el brazo,/
con cigarrillos, con café./
Le he echado el ojo a una novela/
de YukioMishima./
Ya tengo una,/
pero quiero ¡dos!/
/
El sol se ha prestado hoy para una aventura:/
cambié la pila muerta de mi reloj por otra/
y me fui –aquí estoy- a tomarme un café./
Adelantos que me hago,/
tormentas de fe./
Una fe muy extraña,/
pues mis sicólogos y siquiatras/
ya tienen la suma en la cuenta bancaria,/
pero yo, yo estoy sicótico:/
¡He dicho que esto es como un parto, puta madre!/
… Ya quiero que llegue mi barco./
Oh soledad, ¡te duele tanto que esté acompañado!/
Me duele no estar tirado en un charco junto a un lago al final del camino,/
medio muerto, medio vivo./
/
Soy un mendrugo de ansiedad y melodramas,/
de llamadas innecesarias./
¿Me ha dolido? Sí, pero leo a Gide y me pasa siempre que termino alcanzando las estrellas/
de algún curioso sistema,/
mecánica de la felicidad más grosa:/
mucha muerte, mucho sexo, mucha droga,/
un reloj que brilla como un vidrio/
y un destino peleonero que se retracta de haber devuelto bilis./
Un perro nuevo despierta un día aquí:/
Lo tengo todo, me digo,/
todo absolutamente, todo./
Y brinco como el Espíritu Santo,/
y mando fuego a todo cabrón/
que de cabrón sea un cabronazo./
Me aburro, es cierto;/
todos sabemos lo aburrido que es el Cielo./
En el mundo abajo, tenemos destellos de la paz y del infierno./
Éxtasis cuyas procedencias prefiero ocultar,/
como un joyero vendido que ya no quiere hacer underground./
/
Me relajo de pronto, es el café,/
adentrándome dilatado a este parto que, pues, es mío./
Todavía tengo contracciones, pero…/
¿todavía tengo contradicciones?/
Las tengo ya menos, es verdad…/
empiezo a creer que este fruto en mi cuerpo que se revuelve/
tiene como objetivo el hacerme sonreír./
¿Será un rey, o un dios, o un simple homo sapiens sapiens?/
¡Será un libro que me corte con sus hojas,/
y mías las fojas de palabras impresas como vocablos violentos de Cervantes Saavedra!/
¡Mierda!, pienso, En la cárcel sólo estuve cuatro o cinco días,/
no como aquel hombre que adentro hasta un libro escribió…/
para contrarrestar un plagio explosivo e infame./
¿Qué es dolor para un escritor?/
Es un conformismo patológico, histórico, síquico y normal,/
con una gota de moral./
Pero Gide grita: “¡No hay moral!”,/
y Mahoma grita: “¡Nadie puede ver a Dios!”,/
tumbándome en una cama como si me inyectara aquello que sólo inhalo o fumo para llevarlo a las venas,/
a dar vueltas, al carrusel,/
rojo de cine francés./
“¡No hay moral!” y “¡Nadie puede ver a Dios!”,/
sí, señor, para que chinguemos todos a nuestra madre./
/
Quiero escribir a estos versos una segunda parte,/
aquella en la que el premio haya nacido./
Lo calculé desde antes, lo sé./
Pero, para este… ¿Qué me hace un escritor?/
Creo que es la coherencia y el público,/
que mi hermana venda o copie mis letras ilegalmente,/
que llueva en el DF y que en París nieve/
los días que he estado ahí./
Las veces que me prostituí,/
los amaneceres llenos de una droga que me hacía el efecto de la mezcalina,/
litros y cientos de litros de cafeína que bebí./
Cosas que no sé explicar, que construí./
Y que mucha gente, sobre mis textos, se haga pipí/
y suelte excrementos…/
Soy lo más bajo del Infierno,/
pero lo que me hace, hoy, escritor/
es la falta de dinero…/
en fin…/
Ganar el segundo lugar en un concurso del Gobierno/
ha validado miles de versos, muchos perdidos, pero pocos nuestros./
Aún./
/
Alambres de púas tensan mis lamentos,/
que estallan./
Miro a esa mujer divina que muestra deliciosas sus nalgas cautivas,/
y con frenesí, me entiendo un poco mejor./
Siempre “un poco”, siempre “pocos”,/
¡pero, joder, así Dios me ha hecho/
las cosas de difíciles!/
¡Disculpadme por oler mi boca a mierda por haberla comido, casi a la fuerza!/
¡Ni siquiera soy un masoquista!/
¿Qué acaso no puedo decir que perdí?/
No, ya no; ya soy distinto,/
ya escribí./
Tengo que ofrecer algún secreto simple:/
Ejemplo, algo que es verdad,/
no sé hablar francés, pero, como un cabrón mutado por radiación, lo traigo en la mente:/
mis versos en francés tienen un sonido eterno./
Eso sucede cuando lees a un francés que, del otro lado, hablando del teléfono, está igual de drogado y ebrio/
que tú./
¿Es una virtud? Sí, sí la es./
Algo absurdo, lo sé, pero es el siglo XIX, eso es todo./
Tal vez, por mencionarlo, dejaré de hacerlo,/
no por cabrón, sino por pendejo./
/
¡Ay…! ¡Me dio una contracción!/
Qué terrible es ser escritor, ¡esos imbéciles tenían razón!/
Pero sé todo lo que hay que saber de los narcotraficantes y de los cerdo-políticos,/
en eso sí, soy el mejor, como yo no hay dos…/
Pero esos secretos, lector, valen millones./
De billones hablando ya, hoy en Internet he leído que Carlos Slim tiene setenta y ocho años de edad,/
¡No sabía que estaba yo tan viejo!/
Por la bondad de Dios, pasa rápido el tiempo./
Él sí no, no quiere morirse,/
a menos que el ser humano lo haya transformado en una aberrante función de feria,/
como la niña lagarto que vi una vez en mi tierra…/
juré que un día escribiría sobre ella,/
sobre su expresión de tristeza,/
sobre su miseria./
/
Doctos monos me enseñan lo que hay que saber de la ignorancia./
Ninguno de ellos la extraña…/
por las drogas que les dan./
Los hombres son, es cierto, una especie de dioses,/
son imperfectos, no tienen el control, y harían todo por sus proyectos,/
como el mismísimo y propio Dios,/
¡Yahvé!/
El arcángel Gabriel/
cae desde lo alto,/
como dice un libro que tanto abro, que tanto he leído./
En efecto, Gibrel, en efecto…/
Tengo otro de Rushdie, ahí junto a mi cama,/
pero ese, parece, no insulta a nadie./
/
Han pasado veinte horas desde el verso arriba escrito./
No he parido./
Más me encuentro en un océano confundido,/
buscando volar con ayuda de un reguilete,/
pero no hay otra cosa que desesperación y tiburones./
¡Cómo me estaba tranquilizando el café el día de ayer!/
Hoy es otro, las contracciones son agudas,/
estoy mareado, tengo náuseas,/
todavía es joven el día, muy joven…/
Quisiera poder hablar con ella…/
Enloquezco, segundo a segundo…/
Soy un enfermo mental, me doy cuenta…/
Cuenta regresiva no hay, puede ser cualquier momento en el día…/
Espero a que llegue, por lo menos, mi sicoanalista./
Puedo pensar en otra cosa… no, no puedo./
¡Necesito ayuda, y pronto!/
El Cielo y el Infierno son el mismo lugar, pero en distintas circunstancias./
Estoy a punto de llorar, me doy cuenta de eso también./
Ya no aguanto, estoy mareado./
¡No puedo vivir así!/
¡No puedo ponerme así aquí!/
La muerte es tan extensa…/
Voy a buscar más tabaco./


2

¡Ha nacido, ha nacido!/
¡El hombre enfermo ha parido!/
Las inclemencias de la burocracia han quedado varadas,/
los sicólogos han cumplido sus promesas,/
sólo quedo yo, ansioso, desesperado y libre./
¡¿Por qué me hice tan doloroso el embarazo y el parto?!/
Ya no soy más que un ser humano,/
sino que soy menos./
Agradecida la vida, estuve a punto de matarme./
Pero navegué, sobreviví,/
y mis ojos se clavan en un relato de YukioMishima./
¡Oh narrativa! Es a ti a quien lloraba/
lágrimas de miel./
/
De vuelta a la poesía, la poesía devuelta,/
me caló bien la vida y devoro como un ave rapaz/
mis propios arrepentimientos:/
¿Por qué sufrí tanto/
y por tanto tiempo?/
Necesito de la vida, otra vez,/
para hacer conjugaciones místicas./
El café hoy es casero,/
más casero aun, mi conocimiento./
Sangro… me siento culpable de mi propio dolor./
“Esto no tiene sentido”,/
voy cantando arrepentido./
Y me surgen varios hilos con la intención de flagelarme./
Tan sólo estoy solo y de todo hago desaire./
Sí, jueces piadosos, quisiera que me fuera diferente./
Harto ya del declive, harto de tener tan lejos la verdadera muerte,/
fenómeno del que escribe bien y con un poco de suerte./
/
¡Ha nacido un día caliente!/
Una excursión obsesiva, en busca de alimentos para los sentidos y la mente./
Si no soy adicto a una cosa, soy adicto a otra, nuevamente./
No rompo ya la copa, no,/
pero, a veces, espectros surgen de mi boca, deformando mi cara, gota a gota./
¿Es acaso el vino un amor que perdí?/
Amores perdidos, de “perdidos” muchos./
He vivido con la flaqueza del existencialista que no puede contra la angustia./
(Busco dentro de mí, esto no es cualquier poema,/
es un ser que vino de mí y de la ayuda de muchas personas)/
¡Se cierra el piano!: Ya no más patetismo./
Dentro del miedo nacional al comunismo/
se forma su precedente: el anarquismo./
¡Sí, hombres ciudadanos, sí busqué la segregación!/
Me involucré en la política y me disfrazaron de la Federación./
Pero sólo me importaba ese exquisito premio que parí,/
con ayuda de un médico, de memorias que guardo sobre París./
¡Los actores en las calles, qué fabulosos!/
Y mi reloj sirve de nuevo, más que perfecto./
De él dependo, no me gusta andar desnudo en cualquier parte, soy selectivo…/
/
El mar es el mar y siempre es el mar y es un hecho./
Durante la pobreza, jugué a la riqueza bien recio./
Conozco Miami, y no a cualquier precio./
Busco en mi vida un nuevo fajo de dinero,/
billetes, chihuahueños, sueños hechos libertad,/
en tiempos, además, en los que, según yo, escribía mejor./
Y enamorado, por supuesto, muy enamorado, escabullido en una mujer./
Altos precios las cabezas exigen mutiladas./
Invoco a los dioses de mi pasado,/
a la pirámide, a la lengua, lengua abierta…/
¡Apenas me doy cuenta que no estoy siendo serio!/
Pero es la emoción…/
¡Gatos y rasguños!/
Es la posesión, la pertenencia…/
La gracia de Dios, hosanna, hosanna…/
Son la virtud, el amor, la transparencia,…/
Amén, amén. Uno, dos, tres, cuatro,/
¡como un chino! Arroz, arroz chino./
Escribo, deletreo, me dicto, medito, miedito,/
miedo a poner el dedito en el edicto,/
¡ardo como Roma! ¡Ratas con fuego en la cola!/
Coca, coca, coca, cocacola…/
“El Señor esté con ustedes y con su Espíritu”,/
El sacerdote bendice con agua santa a los hombres que serán fusilados:/
“Chingas a tu madre, chingas a tu madre, chingas a tu madre,…”/
La culpa del culpable, el hombre globo./
“Ayúdanos, Señor”, ritos, ritos,/
¡ups! Un retoño con síndrome de Down./
“Dios me lo ha enviado porque no puedo con él”,/
“Hare, Hare, Hare Krishna”./
Ala-larín-ala-alón, ya me está apretando el pinche pantalón,/
pues, al recibir el premio, me he puesto a comer como un cerdo,/
como el mismísimo Neruda./
Lo erótico, lo sensual, lo enamoradizo, lo resbaladizo./
“Todos somos parte de esta Lucha del buen Dios”,/
¡Alif, lam, mim, sad”, nos dice el Sagrado Corán./
“Les femmes, les femmes”/
El “eau de toilette”./
El viento de la noche que entró como una caricia mía./
No he vuelto a ver un alacrán en mi habitación desde que maté a uno./
“Alif, lam ,mim, sad”./
Y “oremos todos juntos en la crepitación del Infierno”./
Vomiten los demonios la sangre desde adentro./
/
Han pasado unas diez horas desde que escribí el verso anterior, que dice:/
Vomiten los demonios la sangre desde adentro./
En esas horas cociné un pollo a la andaluza y un pisto manchego./
La intensidad de los sabores me embriagó./
Ahora son casi las once y siento ya el sueño,/
pero la noche y un café casi lleno/
invitan a la poesía y a su desenfreno/
comparable con los pétalos de una flor que, arrancados, vuelan por el aire…/
Recuerdo el amor a Virginia Woolf,/
recuerdo… muchas cosas de este mundo que la vida nos da./
Veo borroso, pues mis párpados se cierran,/
pero el ímpetu febril de una anotada poesía me roba el cansancio./
Me da un sueño despierto, asesino, que terminará por ganar la partida,/
eso ya lo sé./
Voy a apagar la luz, para balbucear como un bebé, con esa libertad, en la oscuridad./
Pero enciendo una pequeña luz que un milagro produjo/
y escribo estas tristes palabras./
/
La pureza se extiende por el rosal con puras hojas/
hasta llegar,/
roto el cielo, hasta mí./
Y luego, me volteo./
Están las sombras, los fantasmas de caballos,/
etcétera, etcétera, etcétera./
Ya cerró mi amada, más joven que yo, sus jóvenes labios, pero abrió/
otros oscuros pasadizos por los que no quiero entrar./
Tal vez no sepa que gané/
un segundo lugar,/
y de mostrarle cómo sigue una propia existencia mi manera de redactar y amar,/
pues la Literatura es redactar amando,/
un laberinto del cual no siempre salgo,/
pero, a veces, muero con la gloria./
/
Me compré tres libros con mi premio/
y lo demás está guardado, para que yo no le haga daño./
Ingiero, consumo, me intoxico demasiado./
Soy comprador compulsivo también./
Soy muchas cosas y entre esas cosas soy un héroe,/
nunca un villano, no, señor, yo no./
Me tiendo y leo “Al Faro”, después de terminar un extenso relato de YukioMishima,/
tan absurdo como relevante:/
¿así es la vida? ¡Así es la vida!/
Esta vez mil pesos/
no se conviertieron en cocaína./
Montañas y montañas de cocaína,/
montañas pequeñas, ¡pero montañas!/
¡Saldré del seno del mundo empapado de mi propio abismo!/
Noches de carrusel, ¡qué grueso es el mundo!/
Así desfloro la virtud del desencanto,/
ser honesto, radiante y realista,/
un poco más bien un pesimista,/
lleno de orgullo, y de devoción por la rebelión contra el sinsabor de aquel hombre que no sabe nada del viento que no sea considerarle la voz de Dios./
Propulsado a un millón de estrellas,/
canto el vino de la ausencia de querellas;/
enfermedades mentales, doncellas,/
me asustan en ocasiones en este lugar/
donde también están mi casa, mi cama, mi biblioteca, mi altar,/
mi vida, mi locura, mi hogar, mi sanidad;/
hace no mucho, estaba con gripa, en el Seguro Social./
Ay, balsas, balsas de amor y seguridad,/
montañas y montañas de coca y de un vals,/
siempre el mismo, siempre un orgasmo,/
siempre traumático./
Perfecta soledad, sé que ya estoy algo muerto./
Escupen las computadoras mariposas por mí:/
¡Es la venganza de las máquinas!/
/
En las noches tristes mi pasado es aun más lejano,/
es la Pirámide, la claridad de Carlos Fuentes,/
la playa, la marihuana, la homosexualidad y el alcohol,/
con un “piquetito” de religión./
Odas locas, chillonas, como yo en cada instante,/
dicen mucho según van llorando y perdiendo la razón del canto./
Ahí es donde me derrumbo, ahí es donde repito:/
miles de versos tienen ya vida por un lugar segundo./
Saben bien esas personas –esos jueces- que me han devuelto el mundo;/
y ahí donde me derrumbo es que sé/
que estoy un poco enfermo, ya lo sé./
Noches pasadas, me servía una zona que, hoy, no me sirve tan bien./
Es triste… muy triste no hablar francés./
Sólo estoy removiendo lo triste, lo muerto,/
elevada en el cenit de mi tiempo,/
en el pecho que en el lecho le da leche a mi cuerpo./
¡Un cigarrillo y ser moderno!/
Sin moderaciones en el lenguaje, abierto;/
posibilidades de decir “aborto”, “gay” y “sexo”./
¿En dónde me encuentro que doy tantas vueltas?/
Me aferré fuerte al buen libro de James Joyce y me volé duro los sesos…/
Fue una especie de progreso,/
ya sé: fue un proceso, un desarrollo, un momento./
¡Chifladle a Cristo y preguntad si no gozo de miedo!/
Ya no soy el mismo cabrón que era cuando no estaba muerto./
Pero… ¡pintad esas sonrisas!/
¡Siendo fantasma le gusto más a las chicas!/
Siendo poeta,/
porque yo no fui brillante, porque yo no fui capaz,/
tomé un poco de mi premio para comprar/
“El marino que perdió la gracia del mar”./
¡Pero vaya que fue largo el saludo, licenciada!/
Vaya, que el suspiro nos devuelve el alma./
Y la mirada./
Subiré las escaleras para calcular el tiempo que pasará antes de sentarnos a cenar, a no hablar./
Y hoy ya es la mañana siguiente, para nada hirviente,/
fresca y con luz, aunque/
dejé de avisar las horas y días que pasaban entre estrofas y estrofas,/
no recuerdo en dónde, sólo sé cómo escribo esto un sábado/
y empecélo el martes,/
y de no tener nada que no fuera la más cruel esperanza,/
hoy ya lo tuve todo./
He mirado el azar que es la vida,/
he observado cada partícula del mundo./
Entendido que el destino es el camino y el camino, el destino, y lo repito nuevamente en versos aquí y así,/
porque siempre lo digo platicando conmigo mismo o con el Señor./
El Señor de la religión aquella que condenó mi bisexualidad, que le escupió a mis ojos verdes y rojos, porque me drogué tantito, en ese entonces, me drogué tan poquito/
que parece mentira que viajaba por las calles con una maleta,/
con medio kilo de marihuana metida en ella./
Llevaba también una Biblia/
y cada nota de un pájaro alguno, la atribuía a Dios,/
y cada sonido de mi pandero sicótico era para alabar a Dios,/
y cada hoja que no conoció la nieve hablaba conmigo de Dios,/
y nunca estaba a solas, no, yo no./
/
Y luego pasaron los años y comenzaron a arrancarme la carne de la espalda látigos romanos./
¡Uf! ¡Si no sangré no estoy vivo!/
Fui juzgado, malherido./
Se me gritó:/
“¡No eres buen cristiano, no eres buen pagano!/
¿Quién sois vos? “/
Y yo sin voz anhelaba contestar lo que fuera./
“Me gusta el reggae, señor juez”./
Fue cuando me destrozaron./
(Y cada sueño se lo contaba a Dios,/
y cada obsesión me la satisfacía Dios,/
y cada sufrimiento en la Tierra lo justificaba Dios,/
y todo árbol y toda piedra eran hijos de Dios,/
y todo momento que estallaba en mi pecho por estar tan vivo era la Gracia de Dios,/
y todo era ese estado, ese estado, ese estado, ese estado,…)/
/
De repente, cruzo la pierna, estoy mal de mi conciencia, necesito medicina, doctor./
No es que yo critique la ingesta de pastillas, sólo es que yo extraño/
las drogas y el alcohol./
Así anestesiado se rebela lo profundo, es hondo lo absurdo, pero creo poder pensarlo un tanto mejor./
Sábado, me encuentro con un rumbo,/
al rato yo me tumbo, así tan calmadito/
por tener un incremento financiero considerable en mi sobre del dinero./
¡¿Pero, qué estoy diciendo?!/
¡Estoy extasiado, sólo que soy muy serio!/
Si estoy contento es porque estoy contento por algo demasiado cabrón./
Así pare mi alma, dando lo que tienen los chocolates, el chile y el camarón./
Es un estudio del mundo saber que sí se pudo hacer al amor,/
así sea con dinero, es una inmensa satisfacción./
Oremos ahora, oremos al Señor:/
Bendice tus tormentos que nos quiebran todo el cuerpo,/
escucha los lamentos que a veces lee tu secretaria, se dice que es San Pedro,/
oremos todos juntos, oremos al sermón./
Moisés era judío y no te pareció, mientras que los negros fueron esclavizados por los blancos, oremos al Señor./
/
¡El que brama, el que brama!/
Agua de luz y plata,/
me entrego a ti desnudo, enclenque,/
busco un milagro, un milagro latente,/
en las aguas que como en Lourdes devuelven la capacidad a los impedimentos,/
las rosas de los vivos y las rosas de los muertos./
Cristalina fantasía de verme un día curado,/
de esta chueca sicosis, de este sábado precioso./
Tabaco, tabaco, no tengo tabaco hasta las seis,/
cuando arroyos de hombres cruzan esa trascendente reja,/
para pasar e ir a la tienda./
“Por favor, unos cigarrillos de veinticuatro piezas”,/
cuarenta y cinco pesos./
No sé de Economía, pero sé bien lo que veo./
Uy, mientras escribo este verso/
hay un niño hambriento en otro tiempo,/
un ser humano que quisiera cambiar su vida,/
como nosotros lo haríamos, a pesar de mi cobardía./
He visto semáforos derretirse por la miseria,/
por el hambre, la mugre, la inocencia, la guerra./
¡Que un país entienda, por Dios,/
que hay que repartir los valores!/
Sí, me han tildado de socialista,/
pero yo estuve ahí cuando se le dijo No al comunismo./
Dos de octubre de mil novecientos sesenta y ocho./
Bañado, pero para otros Dioses, de sangre, Tlatelolco./
Conspiraciones mundiales. ¿Qué iban a saber los jóvenes?/
Fueron sus líderes los estúpidos, los equivocados, los soberbios./
Mira si he leído a Revueltas,/
pero también le reclamo a esos jóvenes, muertos junto a sus equivocaciones,/
muertos junto a sus metas,/
sus metas adentro./
Para arriba fue una fiesta,/
para en medio, gente muerta,/
para abajo, no hay quién lo sepa./
Es un tema delicado,/
el tres de octubre se limpiaba la sangre de las calles con  mangueras./
La política, es algo cruel, te deja solo,/
te hunde, te jala, te mata…/
Nuestra Historia tiene la culata concha nácar./
Y aquí llovió anoche y antes de eso,/
con mi cerebro envuelto en mi premio,/
para bien o para mal./
Alguna vez, hice frente a mi Gobierno,/
es lo políticamente correcto./
Pasó el tiempo y me fui haciendo el grosero:/
Sólo sé que quise saber menos de lo que sabía antes,/
ya no se me respeta de igual forma./
¿Adiós al salvajismo? ¿al rito, al sacrificio?/
Mierda… Sueno demasiado equivocado,/
¡ya me salgo! De la política, de los idealismos…/
“¡Pero, joven, a usted le gusta el Existencialismo!”…
Y la mirada de las mujeres y el cinismo./
Porque víctima fui y no he de olvidarlo,/
del mismísimo Anticristo y del Fascismo./
/
Sin embargo, como he dicho, las cosas van cambiando y uno se vuelve loco,/
presa de un extraño neurococo,/
en un lugar más allá del bien y el mal,/
en un mar de risas y gritos, lidiando con uno o dos esquizofrénicos que,/
encima de todos, se toman demasiado en serio a si mismos./
Dice Nietzsche que habría que erradicarlos,/
pero, Nietzsche, que odias el antisemitismo,/
¿no te das cuenta que ese par son judíos?/
¡Estamos enloqueciendo todos!/
Y la Filosofía sirve para ser entendida./
“Filosofa, hermano”,/
¡Híjole! ¿con esos tratados?/
“Estamos con usted, no se engañe, sólo queremos cambiarlo”/
Pero sólo sé, del objeto, que el sujeto lo ha agarrado./
“No importa, sólo vamos a dañarlo,/
subiremos el Infierno a la Tierra para poder quemarlo”./
Entonces, cierro el libro, agarro otro libro y este otro libro lo abro,/
medito, me gusta, me clavo,/
ya en otros tiempos, en otros géneros, en otros versos, en otros besos, en otros abrazos./
¡Tengo poderes superhumanos!/
Tengo la araña que se mece mientras su tela teje… ¡Su veneno es mortal!/
/
Me he bebido un café y he fumado un cigarrillo,/
mirando las piernas desnudas de una joven mujer escultural que pretende hacer ejercicio./
Me enamoro dando cabriolas, de personas que no conozco; debe ser patológico./
Ahora, de nuevo, a lo lejos, el sonido del tren,/
largo y permanente, eterno, infinito./
¡Oh, los ríos de minerales y gente!/
No es esto el final de esta momia maldita,/
queda mucha esperanza… pero muere un Gobierno que me premió./
Cada Gobierno es distinto,/
ahora toca la parte a Andrés Manuel López Obrador,/
a quien conozco personalmente./
Soy odiado por personas que viven en sus casas tranquilamente,/
mientras que permanezco amado por las calles sin estar armado hasta los dientes…/
Creo y, perece ser, sé que yo también soy absurdo y relevante,/
un tipo un tanto intolerante,/
reacio a ser recio,/
un Presidente electo,/
un momento (otra vez, otro momento), un instante, un flash,/
un hombre lobo que lame las caras de vampiros,/
siempre consciente de cómo, poco a poco, expiro./
¡No me habléis de la revolución mientras me baño con vino!/
Habladme de ello cuando no tenga sed./
Me transformo./
Yo… yo quisiera ser un animal del campo,/
volar con mis patas, emitir sonidos raros,/
acostumbrándome año con año a las tormentas…/
Antes versaba en las fiestas, ahora verso de veras,/
antes simple, muchos hielos, bacardí y un chorrito de cocacola para pintarlo,/
vaso/
tras vaso/
tras vaso/
y otra vez./
En los límites con un futuro que terminaría por vivir,/
¡todo hombre es un alarido tremendo!/
Y sueño, como una hoja va cayendo al suelo./
Y bebo, y coqueteo, y me tildan de maestro,/
con un abrigo nuevo, con mis zapatos haciendo juego,/
¡a veces, de corbata!, con un suéter nuevo/
comprado en Miami, junto a media docena de libros que no están en castellano,/
hablando de ateísmo, de cine, atolondrado, embelesado porque/
¡la vida no existe!/
Marihuana, mi pierna cruzada, besando mujeres que no se acostaron conmigo/
pero cuyos besos nunca olvido:/
¡los traigo siempre en los bolsillos!/
Cigarrillo cigarrillocigarrillo cigarrillo…/
“¡Mi Güerito, ¿cómo estás?!”/
Bien, hablando de Sartre, lamiendo mi reloj dorado,/
enamorado, ya lo dije, ¡enamorado!/
No parecen existir el futuro ni el pasado./
Lunes con agruras, pero, en fin, bien peinado, engominado,/
acariciando las piernas de mis amigas en las clases,/
o tomándolas de pie. Vamos a fumar./
“Vamos”. Chingó a su madre la educación formal,/
fueron experimentos los que nos educaran tan bien,/
preparados para un día, años después, saludar a Caro Quintero en un concurso de rap./
No, no fue normal, leer tanto a Vargas Llosa desde el principio hasta el final./
Fernanda, Paulina, Michelle…/
El fuego del Verbo que se estacionaba en la punta de mi puro,/
pues no se va sin puro a una novillada./
Ah, perfume, lociones, drogas, sensaciones,/
¡escribir mejor que tantos otros cabrones,/
sólo por fumar mota escuchando a Beethoven!/
¡En esto me revuelco y se llama alcoholismo!/
Lo tengo aquí grabado, para compartirlo simple y claro./
Ay, dolor, ¡cómo te gustaba hacer el amor!/
Ay, Sofía, pude conocer tu calor interior… inferior./
Inconsciencia, bacanales, vidas, muertes,/
y un amor homosexual… (¡Ay, cómo repito es palabrita!)/
Todo era humo, todo era bebida,/
Literatura y Cinematografía,/
¡escultura y pintura! ¡Saber!/
Rolling Stones, inglés,/
escapadas a los cerros, al campo,/
no presentarse a los exámenes finales,/
¡y me sirvo un trago!/
Algunos sospechaban de mí que sí, algún día sería premiado./
Éxtasis…/
/
Como la tarde de esta última nota,/
es hoy cuando se anota la palabra sábado,/
sábado de sándalo,/
de intentar/
acomodar los dioses./
Es mañana ya que regresé a tomar café,/
a dar a esta última nota más forma,/
ya sea melancólica, ya sea erótica,/
pero empecé estas enunciaciones poéticas,/
este poema,/
apenas ahora este martes pasado en el café./
Sólo soy un hombre,/
sólo soy la brisa,/
solo no estoy, están los enigmas, y miro preparado/
el porvenir de este su pobre idiota,/
este ser de las doctrinas regias quien, empero su vivir, detesta la hipocresía,/
si acaso doy cuenta, y a veces, a la zalamería,/
pero nunca un actuar hipócrita,/
si acaso doy cuenta, y a veces, del oportunismo,/
pero a nadie importa, a nadie/
lo mucho que tenga que descargar esta persona…/
“¡Mientes, amor nuestro, pues te amamos con toda el alma!”/
Con toda fe respondo, correspondo, y digo:/
Esta tarde soleada y llana, que pronto habrá de desaparecer,/
mete en mi pecho una llama/
que ha de bailar no con el viento, sino con la pasión del amar al buen prójimo./
¿Dónde estoy encerrado y por qué?/
Núcleo, centro, eje,/
radios y rectas,/
círculos que me han atrapado inconsciente./
¡Pero vive el hombre!/
¡El fiero desapasionado político,/
el horror, la altura, lo crítico!/
¡Lloran los ojos de tanta puta mierda!/
¡Lloran los libros su ignorancia descubierta!/
¡Lloran los árboles y los campesinos azotados en ellos!/
¡Lloran las flautas, los violines!/
Lloran juntos, la nada y el cielo./
Dejadme apenas un verso,/
para sentir que me defiendo./
Implorad por mí una perla,/
en lo que yo me vendo./
Estrechadme hasta reventarme, y dejadme gotear de pie hasta terminar yerto…/
En mí se esconde mi Pueblo,/
ignorancia, sueño y fuego,/
tesoro robado, ¡descubierto!/
Yo quise ser realista pero me ganó el peso,/
entonces enloquecí cómodamente y me tendí sangrando en el suelo,/
como ese José Revueltas que venimos discutiendo:/
Me llaman “intelectual”, pero no lo soy:/
Yo soy poeta,/
uno muy místico, que cree en lo oculto./
Y, para ser sincero, no alcanza mi sangre/
a gritarme y nombrarme más que en todo el universo:/
ya que esté muerto y disperso./
/
De poder decirlo todo, quizá diría nada,/
que vomitaba junto a Salinas de Gortari todas las mañanas,/
debido a la primera tos de la marihuana./
Diría que fui a París dos veces, que en una de ellas nevaba./
Diría que el vino me gusta cuando sabe a metal,/
que escondo la dicha y el trueno de mi insospechada vida sexual,/
diría que me tocó ser un “asco”,/
diría que me tocó ser un asno./
Sin embargo, amo las estrellas y su luz meramente estética, su brillar convulso,/
pero al amar ya me tomo el pulso./
Diría que me drogué, y bastante./
Diría que practiqué la sodomía, y bastante./
Diría que fumaba todo el día, y esto es, a cada instante./
Diría algo práctico al otro hombre,/
diría que hay algo de amor aún en mi nombre./
Diría que no sé más que lo que olvidé,/
por tenerlo grabado en la carne./
Diría que, un día, jugué,/
y diría que gané./
Diría cosas imperfectas, balbuceando una verdad dolorosa./
Entendería, escuchando mis vocablos lastimosos,/
si en esta vida, en realidad, sufrí o fui feliz:/
Hoy no puedo saberlo,/
pero llegará el día, tal vez,/
o, tal vez, nunca, un nunca de proporción infinita./
No sé si comprendería, además, los secretos del cosmos,/
de las mujeres, de la Creación, de lo que somos;/
desnudo, incierto, yo mismo./
Hallaría una ecuación que explicaría, en parte, todo./
/
Entre “Diría” y “Diría”, fui por cigarros y azúcar a la tienda de autoservicio./
Ahí vi a una joven mujer, más joven que yo,/
a quien he visto anteriormente y de quien tenía la esperanza de encontrarme,/
bellísima./
Quizá entendiera mis abstracciones./
Vestido de negro, sin que me vuele un pelo/
y completamente afeitado, la miré mirándome./
No es la primera vez que ocurre./
Quisiera darle el más eterno de los besos,/
poner aquí el más definitivo verso de amor,/
pero no puedo hacerlo de nuevo./
No soy de esos patéticos hombres que no hablan de mujeres por miedo al dolor,/
¿o será que no hablo de ellas, sino que las nombro escondido detrás de sus propias virtudes sexuales?/
No lo sé, no sé distinguir,/
no sé arrancarme, ¡cabrón problema!, una espina correctamente, del músculo de mi corazón./
No hay Norte, no hay Sur,/
sólo la evolución de un Sol estático que parece dar de vueltas a la Tierra en disímiles sentidos./
Sólo hay una verdad en mi vida para yo compartirla con dicha dama,/
y es el hecho de ganar un segundo lugar en un concurso de poesía./
¿Le arrancaría una sonrisa?/
¿Enloquecería yo diciendo: “Mira, mi amor, ¡aquí está!: Todavía me quedan seiscientos pesos”?/
Ay, muchachitas, ¡cómo les gusta hacer el amor!/
Pero, ¿les gusta que un varón sea poeta?/
Porque la poesías, ay, cabrón, son el coño y las tetas,/
las caderas, los labios,/
el carácter y la voz,/
y los rostros tallados por ángeles maniáticos./
La poesía, el hombre tiene que desprenderla de su dios,/
por lo tanto, el hombre no existe./
El hombre versa y versa hasta encontrar al Profeta en una novela de Henry Miller,/
y después muere, de gonorrea o de amor,/
entregado al pecado o religión,/
como una flor./
/
Llegado la noche ha, son casi las once./
Mi ansia por el café de mañana me pela los ojos,/
y sé que despertaré muy temprano con el Sol más joven,/
como si esos ojos no fueran a cerrar bien durante el sueño./
¡Es tanta la ansiedad, como al morder un fruto el néctar se sale de control en las manos y barbilla!/
Pero, mejor eso que una fobia./
Mejor el mar…/
Dando cabriolas metido en una ola, creo que ya lo mencioné./
Sí, conozco bien el mar. No el mar abierto, el océano, aunque/
he tomado cruceros a Hawái y al Mediterráneo./
Conozco bien el mar y, de no estar aquí haciendo verso libre,/
no me habría percatado de ello./
Estos versos, este poema, son una catarsis./
Y me bronceaba la piel dibujando esa línea blanca y erótica que marcaba el trajecito de baño./
Recuerdo un espejo donde me vi así,/
era apenas un niño, metiéndome a bañar:/
 ¡tan dulce y fría esa agua comparada a la sal de mar y al calor de su seno!/
Casi desagradable agua dulce./
Crecí y viví seis meses en Playa del Carmen./
Sí, yo conozco bien el mar, y por ello conozco mi cuerpo./
Salinidad y suave bochorno, paraísos en la tierra,/
el mar se rebela también contra Dios en esa batalla en el Cielo/
y guarda, en su matriz más oscura,/
las creaturas más terroríficas del mundo entero,/
pero nos lleva al placer más ancho con su espuma y con sus olas./
Esa es la dualidad del ser humano:/
un mismo universo que lo ama y que lo odia./
El ser humano nunca aceptará que alguien o algo lo odia:/
cree que el Diablo lo ama, cree que Dios sólo es negligente, sordo o víctima de lo mismo que él;/
¡hasta luchamos a Su lado día a día!/
Y luego, nos hartamos de ser timados./
¡Hay un hombre, un salvador!/
Pero será muerto antes de nacer, será abortado,/
pierna por pierna y brazo por brazo./
Es la realidad, no me lo inventé yo./
¡Oh fuegos que cuecen las más terroríficas acciones de hombres y mujeres,/
que justifican con los clamores de caricias mundanas que no quieren ser perdidas!/
El aborto es una acción socioeconómica,/
una estrategia de vida, un entenderse,/
es la razón y el derecho,/
pero es como un bosque donde te pierdes porque es tu bosque./
No regresas nunca…/
¿Quién nos hizo esto?/
¿Un arcoíris, un porro, Rammstein, una copa de coñac?/
Deslízase la navaja por la más suave piel;/
todo retumba porque hemos hecho contacto./
La luz estalla del vientre de la mujer,/
brotan estrellas y cabalgan unicornios y a nadie le importa la consecuencia síquica del acto,/
ni siquiera a mí. Creemos, en el fondo, que ha sido un milagro de amor./
Un mar negro, como el de Veracruz./
¿Pensarán los tiburones que en la tierra hay verdaderos monstruos,/
o están a favor del aborto, como Dios?/
Yo mismo tengo sangre en las manos…/
Yo soy un asesino, el bebé era mi sobrino./
Estaba mal formado, ¡era un fenómeno ese chiquillo!/
Y mi hermana lo mató, y yo me alegré./
Tuve que interrumpir mi preparatoria para que mi madre pudiera pagar la intervención, el homicidio./
No creo ser el mismo, o no lo sé,/
pero, en esa época, recuerdo que era feliz./
/
Estalla el amanecer entre el tibio gris de una mañana de verano./
Café y cigarro, el “desayuno del Diablo”,/
y salir a caminar tres cuartos de hora./
Siempre sigo un camino para encontrarme a un perro precioso que hace mucho he conocido,/
esta mañana, por primera vez, mi mano ha lamido./
La mayoría de los demás perros que me encuentro en estas caminatas matutinas, de Domingo y de rutina, son bastante agresivos,/
ladran y muerden el aire, gruñen enloquecidos,/
animales sociópatas que quizás no entiendan del hombre su sentido,/
como nosotros que tampoco lo hemos entendido./
Como yo, no han filosofado./
O, tal vez, sean ellos quienes comprenden la realidad del ser humano,/
pero más filósofo es aquella hermosura que ha lamido mi mano:/
nos entendemos, nos reconocemos, y somos del mismo color./
Sus ojos son azules, los míos verdes, y verdes son las hierbas y pastos salvajes que surgen entre las grietas del cemento,/
en el interior de algunas casas,/
en esta colonia silvestre, construida sobre un cerro,/
donde hay arañas, coyotes y alacranes./
Donde vivo,/
donde he vivido el galardón de la existencia posterior/
al consumo desmedido de cocaína y libros robados…/
Recuerdo la vez aquella en que comí en la fonda frente a mi casa,/
en otro barrio, en otras plantas,/
y regresé a beber café de Chiapas,/
abriendo “Cien años de soledad”/
e inhalando cocaína colombiana./
Esos días no regresarán,/
pero no es necesario que lo hagan:/
yo ya morí, sólo que sigo vivo./
Vivo y titilante: escribo;/
“Yo escribo”, “yo lucho, pervivo”./
Fuentes, ¡manantiales de luchas aguerridas contra el control del caos!,/
mojan mis dedos y mis manos,/
empapándome el sexo y lubricando mi cerebro,/
y me vuelvo un tigre de una selva inhóspita,/
amén de una América ignota./
El Amazonas, el Amazonas…/
¡Oh dime, Rey David, dónde termina tu zona!/
Tu dinero que recae, sopesado por el mundo moderno,/
sus intereses parecieran ser eternos pero sólo una locura./
¿A quién pertenecerá el amor del mundo?/
Dios da un paso al frente y exclama:/
“¡A Mí!”./
/
Llego al restorán, me sirven mi café./
No hay mucho que decir pasando Cronos por nuestras materias,/
cuando se expande la luz divina entre las hojas de los árboles./
Las noches que extraño, de piedras y faroles,/
atravesando el Centro para llegar a la puerta del firmamento y comprar unos rayones./
Sí, soy drogadicto,/
y soy rapero, cuentista, poeta,/
lector asiduo de la letra compleja que brilla asustada por la insensibilidad del desarrollo humano./
Soy un lobo callejero, un hombre perdido/
entre las sombras donde se halla./
Amo la noche más que nada;/
ahora debo amar mis recuerdos de los días en los cuales más respiraba./
¡Maldita sea, no soy una falta de conciencia de mi química sagrada!/
Es sólo que me suicidaba o me drogaba,/
y haciendo la droga lo que haga,/
pues me hacía de coca, piedra y marihuana./
Una vez tomé una tacha… una noche imborrable:/
Mi mejor amigo y yo fuimos a mi pobre casa,/
él con sus piedras, yo, con mis rayas,/
¡e hicimos el amor toda la noche!/
Me comió, lo comí, se sentó en mi cara…/
No se me bajaba el efecto de la droga gracias a la tacha,/
y no dejamos de fumar mota hasta la mañana./
¿Cómo podría yo olvidar mi propia vida?/
Con tanta herida, con tanta noche, con café…/
Amores chinos de los rostros ancestrales que brotan relevantes en la penitencia de mi pobre experiencia,/
donde aves levantan el vuelo y caimanes soban el suelos,/
dentro del Todo nuclear, violento y sexual,/
ápices de recuerdos aún palpitantes que dejo llegar./
Nunca contuve el aliento espectral de la Muerte./
Más bien, bailé polcas con el Demonio y rogué a Dios más alimentos;/
llovió grano del cielo, me ahogué, era muy seco…/
“Seco”, mi padre no pedía anís seco,/
pedía anís dulce, acompañado de un café negro./
Mi padre y su educación criolla./
Mi padre, a quien escribo, a veces, un par de líneas./
Padre, ya no soy un perdedor:/
Gané mil pesos por quedar en segundo lugar en un concurso a nivel estatal,/
entre otras cosas… cosas prohibidas/
e increíbles./
Oh padre, todo está bien, tú vives en la playa y ya no me quiero suicidar./
Ya no boto lágrimas, porque sé llorar;/
alcé la mano lejos y toqué el fuego solar,/
me temo que es radioactivo./
Fácil y sencillo:/
Me he traído al café un nuevo ejemplar/
de un libro de Virginia Woolf que quise comprar/
con mi premio y ejercicios./
Creo que ya lo dije:/
Uno de YukioMishima, uno de mi escritora favorita, y otro de John Dos Passos./
Esto es mi vida, toda ella,/
Proust y su buena estrella,/
el camino que, según en mi rap siempre repito, es el destino/
(y el destino es el camino),/
me ha marcado, con dolor y goces, para escribir esto que escribo y que he vivido días y noches./
El deseo alcanzado, ¡explosivo!/
El tiempo del tiempo,/
el sueño despierto.////



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